Los ojos se le llenaron de lágrimas y los pies se le mojaron en el charco formado. Esto refresco su caminar y limpió su mirada. Ya no fue necesario el calzado, disfrutaba del agua y el barro entre sus dedos. Las lagrimitas solas se secaron, y al sonreír disfrutaba sentir como la salinidad tensaba la piel de sus cachetes.
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