EL CAMPO

Me gusta el campo. Me gusta el aire helado de la mañana. El paisaje blanco y escarchado, como un cuento de misterio. Caminar sobre el suelo crujiente y sentir el olor de la resina de los pinos y los eucaliptos y la tierra mojada. El olor a los animales y la hierba recién pastada. Ver las como las gotas caen de los yuyos cuando el sol derritió la escarcha.
El sonido de la brisa entre las hojas de los árboles del monte, el canto de las aves y el croar de las ranas son mi música preferida.
En el campo el sol te prende y el sol te apaga. Sale desde el horizonte llano, tan perfecto, redondo y rojo. Al atardecer es maravilloso, el sol se esconde detrás del monte y lo calca en el reflejo del agua.
Por la noche las estrellas se caen del cielo como esferas brillantes que flotan y titilan. Y hasta hay algunas que se acercan a la tierra en forma de luciérnagas.
El campo es el lugar donde quiero ser grande y que mis hijos sean niños. Con la cara y la ropa sucias de barro, trepados a los árboles y llenos de raspones. Como la niña que fui yo.



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