A LAS 18

Desde que avenida Santa Fe es doble mano no sé como cruzar. Ayer, en el cruce de ésta con Scalabrini Ortiz, parada en la esquina como una paisana, miraba hacia todos lados y no podía entender cual era el semáforo que me daba el paso. Una vez que lo encontré no supe tampoco cuando cruzar. Cuando logré correr hacia la vereda de enfrente noté que la gente caminaba en fila india porque la mitad de la vereda estaba vallada por arreglos supongo referentes a la empresa Agua y Saneamiento. Esto se transformó en otro obstáculo en mi día para que yo no pudiera llegar temprano a mi clase de teatro. Fueron seis o siete cuadras en que caminaba en tramos por la vereda y tramos por la calle, esquivando señoras, niños, perros y cascotes.
Desafortunadamente una vieja que venía de hacer las compras quiso alcanzar un tomate que rodó por la vereda y cayó en una zanja aplastando así verduras, huevos y sachet de leche que llevaba en su bolsa plástica a rayas de hacer mandados. Recostada panza abajo quise alcanzarla con mi mano pero la señora se había tentado de risa y se meó encima y por esta razón no podía hacer el esfuerzo de pararse y ayudarme a subirla. Así que tuve que llamar a un obrero para que me alcance una escalera y poder rescatarla. Felizmente la vieja salió de la zanja sin daños mayores y yo pude continuar toda llena de tierra camino a mi clase a la que indefectiblemente llegué más tarde que nunca pero con una anécdota para contar a mis compañeros

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